Mediocridad periodística vs. realidad
4 sept 2017
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Panamá tiene la fama de tener un periodismo sensacionalista, sin escrúpulos e insípido, y es allí donde crece el debate: ¿Son los profesionales de la comunicación o el medio en el que labora, el que provoca esta chabacanería?
El periodismo en cualquier parte del mundo, recibe ataques diarios sobre su manera de ejercerlo. Algunas veces se comenta sobre la mediocridad de sus profesionales, y otras veces aplauden sus capacidades de investigación y servicio comunitario.
Cuando se ingresa a cualquiera carrera universitaria, existen varios tipos de estudiantes: los que están dispuestos a aprender más allá de lo aprendido en clase, y los que se limitan a las anotaciones; a raíz de este último, es como nace un licenciado mediocre sin ánimos de crecer profesionalmente.
Cooperación exitosa
A nivel académico, se dice que nuestro país tiene un atraso de más de 50 años, y muchas son las razones por las cuales nuestro sistema educativo es deficiente, pero en mi opinión, la principal falla, es la falta de interés del estudiante, ya sea a nivel básico y medio, como el universitario.
Sumado a ello, los sistemas y docentes retrogradas de enseñanza superior periodística, que viven en el siglo XX, en donde no existía la tecnología de punta actual, la cual algunas veces no les permite aceptar el hecho que sus días como profesionales del periodismo terminaron, y deben dar cabida a la globalización y a las nuevas herramientas, como también, entender que aquellos alumnos nacieron de la mano de la misma.
Para que un aprendizaje exitoso se de, tiene que existir cooperación equitativa por ambas partes (docente y estudiante), nunca de un solo lado. Si el profesorado está calificado para brindar una enseñanza de calidad, el estudiante debe retribuirle e inclusive mostrar interés y sed de necesitar más que una simple clase en el aula. Es allí donde nace un verdadero profesional.
Manipulación
Continuando con lo antes planteado, también debemos considerar que el periodismo en Panamá es neófito en comparación a otros países mayormente desarrollados, y esto se debe a la cultura local, acostumbrada y sumergida en el populismo y lo insólito.
Nos fascina ver títulos escandalosos y que incitan al morbo, dando pie a un placer culposo y a la doble moral. Los lectores y espectadores, viven su vida quejándose de lo vulgar que es el periodismo nacional, pero a la vez aman consumirlo.
No tratemos de justificar este tipo de periodismo sensacionalista, pero una realidad que en ninguna dimensión se puede ignorar, es que los medios de comunicación respiran para cuidar sus intereses económicos. No importan los valores con los que el periodista venga del aula de clases, aquellos serán destruidos al momento en el que pise aquella sala de redacción, en donde debe pasar de ser un títere que manipula información a diario, y ser el rey de lo vulgar.
Rompiendo círculos
Para que aquel circulo de escepticismo sobre el periodismo inicie un estado de cesación, hay que obligar a la población a culturizarse por medio de programas que nutran la educación. Y antes de que eso suceda, se deben renovar planes de estudios universitarios que estén a la vanguardia de la creciente globalización.
Pero nada de ello podrá funcionar si las personas que decidan escoger esta prometedora carrera, decidan a su vez, convertirla en un estilo de vida: Conservar los valores humanos, no tener miedo a enfrentar la verdad e ir en contra de la corriente. Y lastimosamente, es un sueño con el que entramos a un aula de clases y nos desilusionamos en el camino, porque nos damos cuenta que el mundo no está preparado para enfrentarse a una profesión noble como el periodismo, y es allí donde muchos se vuelven frívolos y sin escrúpulos, con la única meta de sobrevivir y comer.







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